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| La camiseta y el fútbol de Brasil están por el piso. |
Confieso que esta nota debería haberla escrito en aquel memorable 8 de julio de 2014, pero no he podido hacerla como corresponde debido a la falta de tiempo y por haber sido testigo de un acontecimiento extraordinario que ha marcado de nuevo la historia de los mundiales.
También debo admitir que no suelo escribir artículos en primera persona, pero a pesar de ser rivales eternos, esta crisis que está padeciendo la selección de Brasil me abruma por completo.
Brasil ha dejado de ser Brasil. Aquel mito de que se gana con la camiseta se ha derrumbado como si fuera un castillo de naipes desde el Mineirazo del 8 de julio de 2014, cuando la verdeamarela cayó estrepitosamente frente a Alemania por 7 a 1 en las semifinales en Belo Horizonte, en lo que fue la derrota más humillante que ha padecido en su historia, incluso superando al Maracanazo de 1950, y valga la coincidencia, también ocurrió en una Copa del Mundo y en su propia tierra.
Y casi un año más tarde, la derrota de ayer por penales frente a Paraguay en cuartos de final de la Copa América de Chile 2015 ha demostrado que Brasil ha dejado de ser la gran potencia del fútbol desde la concepción del juego y de su belleza que tanto tiempo nos había deleitado, para volver a agitar los fantasmas del pasado. Sin dudas, Brasil tiene la peor generación de todos los tiempos.
