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| Tristeza no tiene fin: David Luiz, en el piso frente a Ozil. |
Todo en el mismo lugar, en la misma tierra, pero 64 años más
tarde. Parece mentira, pero Brasil volvió a escribir un nuevo capítulo a su
historia de “tragedias deportivas” que jamás olvidará al caer por un humíllate 7-1
frente a Alemania en una de las semifinales disputadas en Belo Horizonte. De
aquí en adelante, el 8 de julio de 2014 será recordado como el Mineirazo y es
la peor derrota que ha recibido Brasil en toda su historia e incluso supera al
Maracanazo de la final de 1950 frente a Uruguay, donde perdió el titulo frente
a su gente.
Nunca antes un país organizador de una Copa del Mundo fue
vapuleado por 7-1 en su propia casa, tampoco lo hizo ningún equipo en ninguna
semifinal. Incluso, la historia quedará marcada por siempre con el gol N° 16 de
Miroslav Klose, convirtiéndose de ahora en más en el máximo goleador de todos
los tiempos, dejando atrás la marca que compartía con el brasileño Ronaldo
(15).
Alemania alcanzó su octava final y el próximo 13 de julio buscará
su cuarta Copa en el Maracaná ante el ganador de la otra semi entre Argentina y
Holanda, a disputarse este miércoles en Sao Paulo. En cambio, Brasil deberá jugar
por el tercer puesto un día antes frente a Argentina u Holanda en Brasilia.
Alrededor de 60 mil torcedores habían llegado ilusionados
con ver a su equipo en la final y quedar a un paso del “hexa” tan anhelado en
su propia casa y así saldar la cuenta pendiente de la verdeamerela con su
gente.
Pero nada de eso ha ocurrido. Brasil tuvo seis minutos “fatales” que los
alemanes lo aprovecharon para destrozar a su presa con el cuchillo entre sus
manos: Alemania se imponía por 5-0 en sólo 30 minutos del primer tiempo ante el
asombro de todos. Mientras tanto, millones de televidentes fueron testigos de ese
mar de lágrimas que se iba desparramando en las tribunas y llegaba al corazón de
los brasileños que se desangraban en vivo y para todo el mundo.
El equipo de Scolari se derrumbó por completo, como si fuera
un castillo de naipes. La tristeza era infinita al punto que muchos
simpatizantes no pudieron soportar semejante humillación y por tal motivo abandonaron
el estadio antes de que finalizara el primer tiempo.